dimecres, 21 de novembre de 2007

Confesión


Confieso que, secretamente, siempre he deseado ser mordido por una vampira. Pero, claro, no una vampira cualquiera, mis referentes fantásticos son las tres vampiras descritas por Stoker:

Sin embargo, iluminadas por la luna, frente a mí, había tres mujeres jóvenes…Se acercaron a mí, me miraron durante un rato y luego cuchichearon entre sí. Dos eran morenas…la otra era rubia, muy rubia, con unos ojos como pálidos zafiros…Las tres tenían unos dientes brillantes y blancos que resplandecían como perlas y contrastaban con el rubí de sus labios voluptuosos. Había algo en ellas que me hacía sentir inquieto, y a la vez anhelante y mortalmente asustado. Sentía en mi corazón un deseo ardiente y perverso de que me besaran sus rojos labios.

Ante tamaña situación una pobre y dampírica alma como la mía ha de sucumbir y tan sólo puede envidiar la situación del desagradecido Jonathan Harker, el cual protagoniza escenas como ésta:

La joven rubia se arrodilló y se inclino sobre mí, regodeándose manifiestamente. Mostraba una deliberada voluptuosidad,… y al curvar el cuello, se lamió los labios como un animal, de forma que pude ver a la luz de la luna la reluciente humedad de su boca escarlarta, y los blancos y afilados dientes sobre la lengua roja al relamerse. Bajó más la cabeza, hasta que sus labios descendieron por debajo de mi barbilla… y noté su aliento cálido…me llegó el contacto blanco y estremecedor de los labios y las puntas duras de dos dientes afilados…Cerré los ojos con extática languidez, y esperé…

¿Cómo puede entenderse que, después, huya? Sinceramente creo que el personaje o era pobre o era joven.

Comprendo aquellas opiniones que incidan sobre la frivolidad de mi deseo pero, a mi favor, e invocando los grandes valores, sé de buenas fuentes, que las vampiras también aman y si no, hurgad en vuestra biblioteca, rescatad La Muerta Enamorada y recordad este fragmento:

Una mañana, me encontraba desayunando en una mesita junto a su lecho, para no separarme de ella ni un minuto, y partiendo una fruta me hice casualmente un corte en un dedo bastante profundo. La sangre, color púrpura, corrió enseguida, y unas gotas salpicaron a Clarimonde. Sus ojos se iluminaron, su rostro adquirió una expresión de alegría feroz y salvaje que no le conocía. Saltó de la cama con una agilidad animal de mono o de gato y se abalanzó sobre mi herida que empezó a chupar con una voluptuosidad indescriptible. Tragaba la sangre a pequeños sorbitos, lentamente, con afectación, como un gourmet que saborea un vino de Jerez o de Siracusa. Entornaba los ojos, y sus verdes pupilas no eran redondas, sino que se habían alargado. Por momentos se detenía para besar mi mano y luego volvía a apretar sus labios contra los labios de la herida para sacar todavía más gotas rojas. Cuando vio que no salía más sangre, se incorporó con los ojos húmedos y brillantes, rosa como una aurora de mayo, satisfecha, su mano estaba tibia y húmeda, estaba más hermosa que nunca y completamente restablecida.
-¡No moriré! ¡No moriré! -decía loca de alegría colgándose de mi cuello-; podré amarte aún más tiempo. Mi vida está en la tuya y todo mi ser proviene de ti. Sólo unas gotas de tu rica y noble sangre, más preciada y eficaz que todos los elixires del mundo, me han devuelto a la vida
.

Y continúa:

-Una gota, sólo una gotita roja, un rubí en la punta de mi aguja... Puesto que aún me amas no moriré... ¡Oh, pobre amor!, beberé tu hermosa sangre de un púrpura brillante. Duerme mi bien, mi dios, mi niño, no te haré ningún daño, sólo tomaré de tu vida lo necesario para que no se apague la mía. Si no te amara tanto me decidiría a buscar otros amantes cuyas venas agotaría, pero desde que te conozco todo el mundo me produce horror.

¿No es fantástico?...la vampira como la mejor amante. Y luego está lo de la vida eterna...vaya, ¡completo!

Yo creo que a Theofilo Gouthier le salió mal, como a Milton con el Paraíso Perdido, uno no puede empatizar tanto con el mal sin llegar a la conclusión de que es lo mejor y lo más natural, pero esto será el tema de otro post.

Por el momento, propongo una reflexión sobre las imágenes con las que encabezo este post, que tanto valen para James Bond, como para un anuncio de Martini, como para una entrada al recién estrenado Observatorio Dampyr (los gestos, la obsesión oral, el gesto de cuello de ella y lo magnífica que sería Charlize Theron en el papel de la vampira de la que hablo...aunque aquí, el vampiro sea él).

2 comentaris:

  1. Propongo al Chico Martini en el papel de Vampiro del siglo XXI: tiene una imagen actual, muy sensual y, especialment, sus labios prometen futuros goces orales sin fin...

    Besos!

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  2. Querida condesa Karnstein,

    Me alegra comprobar que la oralidad, que fue su perdición en pasados remotos, sigue siendo su aliciente todavía. Esto es un consuelo para todos aquellos (o aquellas) susceptibles de ser sus futuras víctimas

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